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S.B. GUERRA CIVIL 6

dominábamos bien la situación y cuando caía algún mortero se producía una luz que era aprovechada para ver y disparar. Lo hacíamos a intervalos. Soltabamos algún barrido de unos segundos combinando con las otras máquinas, asi nadie e acercaba. El bando contrario se estaba organizando para el gran combate y nos tenían localizadas a todas las máquinas y nos disparaban con los morteros. Ya no atacarían con la infantería hasta no destruir todo con la artillería y la aviación. Las bombas cada vez les caían más cerca y no había visibilidad con el polvo y el humo. Tendríamos que retroceder al pueblo, pero el pueblo ya estaba en llamas. Preparamos una estrategia para escapar corriendo antes de acabar la munición. Yo que era el responsable de la maquina, cuando anocheció, les dije a los otros que cuando yo empezara a tirar salieran corriendo y que los esperaba en el pueblo en otra máquina que ya teníamos instalada, bien parapetada y con abundante munición en un pajar. Comencé a tirar en varias direcciones y los tres salieron corriendo. El cañón estaba al rojo vivo, (la engrasábamos con el aceite da las latas de sardinas y aquello hacia un olor muy malo); Cuando comprendí que los compañeros habían llegado; le quite el cerrojo y salí corriendo. Oía silbar alguna bala muy cerca, a mi no le alcanzaron. Me di cuenta de que una de las otras dos ametralladoras no respondía, seguro que aprovechó a retirarse mientras yo cubría. Cuando amaneció cada grupo estaba en su máquina. Habíamos conseguido frenar al enemigo causándoles muchísimas bajas. Ahora estábamos más protegidos y no podíamos hacer otra cosa que mantenerse a la espera y resistir hasta que nos llegaran los refuerzos que decían estar en camino. Un Sargento que nos visitó nos comunicó que se

Después de estar tiempo pensando, decidí pasar de carrerilla. Un cañonazo cayó muy cerca y produjo una gran polvareda y dije ahora es la mía, voy a pasar. Cogí carrerilla y pase. No recuerdo nada más; pienso que la inercia me salvó parte de una rafaga. Creo que estuve algunas horas sin conocimiento, pues de pronto desperté y dije “pero si estoy vivo”. El casco me había salvado otra vez, en menos de diez minutos. Un tiro en la cabeza que dobló el casco y lo hundió y me rompió el cráneo, fue lo que me dejó sin conocimiento. No supe cuanto tiempo estuve inconsciente; cuando deporté me vi. todo lleno de sangre por todas partes y vi. que había muchos mas muertos que cuando yo pase; la sangre casi seca; esto quiere decir que estuve varias horas, pero podía andar; solo tenía dolor en la cabeza, me di cuenta que tenia mas impactos y pensé que de un momento a otro me iba a morir desangrado, después de ver el charco de sangre que había en el suelo pensé que estaba desangrado y que me quedaban pocas fuerzas y menos horas de vida. “Tengo que salir de aquí como sea, antes de que pierda mas sangre” me incorporé y casi no me tenia, me daban como mareos; esto es la muerte pensé; y protegiéndome entre los escombros y a rastras pude llegar a un portalón que había más gente, casi todos heridos y los que pudieron fueron en dirección al hospital . Unos Requtes nos ayudaron.a llegar unos cuantos, yo pude llegar por mi propio pie. Unas horas tuve que esperar que me atendieran, se me hicieron eternas.Fui atendido por una enfermera que operaba como si fuera un médico. ¿Qué te ha pasado, recuerdas algo?, si una ráfaga de ametralladora que me alcanzó cuando intenté cruzar un callejón. Me quito la ropa, me examinó, y con mi misma camisa preparó unas vendas y me dijo:

Uno se estaba quejando y me dijo que le ayudara al llegar al muro. Así lo hice , con una chaqueta y el cinto de un muerto, le tire la manga y lo arrastré. Allí lo dejé, no movía las piernas, echaba sangre por la espalda. Un oficial de Requetés contactó con nuestra maquina mientras yo estaba fuera y les dijo que no la desmontaran y que aguantaran que una división estaba a punto de abrirnos paso para escapar,(era una mentira, lo hacían para dar ánimos,) y que si se veían obligados, al otro lado había un estrecho que pasando corriendo se podía pasar. Les repetí que la desmontaran mientras yo miraba ese estrecho. Comprobé que en este otro lugar se podía pasar pero había más de veinte muertos. Un requete estaba intentando pasar y no se atrevía; Cogió carrerilla y pasó, pero el de la máquina tenía el dedo en el gatillo y creo que le alcanzó, pero no sería mucho porque siguió corriendo.Un gran estruendo ocurrió a escasos metros y un fuerte golpe en mi cabeza.¿Que me ha pasado, me han matado?, no me veo sangre. Se acabó todo. Un proyectil de mortero cayó encima de nuestra máquina y allí no quedó más que un pozo. Todo saltó por los aires, el casco me salvó porque me salto una piedra en la cabeza y me tiró al suelo, vi. restos de mis compañeros, un brazo que se movía solo. No quedó nadie, solo yo, no sabia que hacer, le quite el casco a un muerto y me lo puse; esto no se lo deseo a nadie, no sabía si esperar a la noche para cruzar aquel infierno o que hacer. La máquina estaba callada y nada más tiraba cuando alguien cruzaba. Pensé pasar arrastras cubriéndome con los muertos pero me podían localizar.

intentaba abrir una brecha para escapar porque los refuerzos no llegarían a tiempo; pero para eso nuestro grupo tendríamos que frenarlos. Así estuvimos tres o cuatro días. Y ya estábamos agotados sin comer ni dormir. Nuestra compañías de infantería habríamos conseguido abrir un paso y escapar, pero fueron pocos los que lograron huir No nos quedaba otra solución que resistir con los Requetes. Llegó la noche y aquello es imposible poderlo contar con palabras tal y como sucedió. Los rojos decidieron destruir el pueblo con la artillería y la aviación antes de volver a atacar con la infantería, dado el fracaso que tuvieron en su primer intento, en el que tuvieron el noventa por ciento de sus bajas. Las bombas caían por todas las partes y a miles. Los edificios caían y ardiendo con el humo, el polvo y el olor de los muertos de los días anteriores, desprendían un olor insoportable no se podía respirar; tuvimos que arrastrar unos cuantos muertos que teníamos a escasos metros del asentamiento hasta unos cincuenta metros, casi descompuestos con el calor. Teníamos unos pasos controlados y no se nos podía colar nadie nadie. Durante la noche, con el humo, el polvo y la poca visibilidad nos habían colocado una ametralladora que nos hacía fuego constantemente al dia siguiente, y no podíamos con ella: Ésta nos privaría de poder retroceder. Cuado amaneció, les dije a mis compañeros que no pararan de disparar, mientras yo miraba de encontrar una salida, haber si podíamos retroceder un poco, pues nos habían localizado y nos tiraban con un mortero y cada vez nos caían más cerca las bombas, mientras desmontáis la maquina boy a salir haber si encuentro algo para instalarnos, porque aquí nos van a tocar ya que los morteros cada vez caen mas cerca; y protegido por un muro llegué a una de las salidas y había un montón de muertos.

Fotos de Belchite

CAPITULO VI

Llevas cinco impactos, todos de suerte no te han tocado ni un hueso, sólo el de la cabeza es peligro, pero por esto no te mueres”. Dos, me habían atravesado una pierna, otro el carrillo del culo y otro un brazo. “Te he hecho una cura que te aguantará unos días hasta que nos fusilen”. “Me acordaré de ti cuando lo hagan ¿Cómo te llamas le pregunté? Me dicen “la Maña” pero soy la enfermera Agustín. ¡Hombre no se me olvidara porque así se llama mi padre! Nos veremos en el pelotón, los rojos ya están en el pueblo y han tomado nuestro polvorín somos muertos, si eres creyente ya puedes rezar.” Pasaron un par de días y con la cantidad de heridos no tuvieron tiempo de curarme más, pero aquello parece que iba bien con mucho dolor en la cabeza. El pánico no es posible contarlo. Cada momento sacaban un muerto a un cuarto y de pronto se sentían las bombas de mano dentro del edificio, decían estos nos queman vivos.Llegó el momento de la estrategia. El que estaba a mi lado que era un oficial con ropa de soldado y que yo conocía me dijo: “No es el momento de delatarnos los unos a los otros”. Es el momento de intentar salvar la vida como sea. A ti te han pillado alguna vez más tienes que dar el nombre cambiado, yo en el forro del pantalón tengo guardado un carné da le UGT”. Ya lo tengo, pensé yo. Yo me llamaré Manuel Márquez que murió en mis brazos. “¡Ha y si te dicen que blasfemas!, no temas en hacerlo, así comprueban a los requetés y el que no lo hace lo matan”.

Habíamos luchado tres divisiones contra once y sus bajas eran cuatro o cinco veces superior a las nuestras. Estaban muy enconados, nos fusilaban seguro. No recuerdo la fecha exacta, era primeros de Agosto. Se oyen disparos en la sala y fuertes gritos que nadie se mueva sois prisioneros todos. Empezaron a llevarse gente: “no podéis hablar, entre vosotros y el que rechiste lo mato”. Matando un par de compañeros heridos. ¿Tu quien eres? Le dijeron a la enfermera. Soy la enfermera Agustín, pues vente con nosotros. “Dejarme despedir de mis heridos “. Tira adelante. Así se llevaron a empujones y a todos los responsables del hospital.A nosotros nos dejaron allí varias horas custodiados. Un Miliciano nos dijo en plan de recochineo “Seguro que mañana os fusilan a todos por el daño que nos habéis causado”.¿Sabéis los miles de personas que habéis matado?, ¿Qué esperáis que hagamos con vosotros?No tardó mucho en oírse “Apunten Fuego” Estaban fusilando a los mandos que habían pillado que fueron los primeros. Mas tasde, llegó un equipo médico a la sala acompañados del mando,creo que un coronel con acento extrangero. Empezaron a interrogar; estábamos de los últimos y no oíamos nada, pero de cada tres mataban uno con un disparo de gracia en la cabeza. Cuando llegaron al de mi lado le preguntó: ¿ Tu eres requeté? no, no no soy requete yo trabajaba en una fabrica y nos cogieron a todos i nos llevaron al frente.

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